domingo, 5 de febrero de 2017

LOS YONKIS DEL AMBULATORIO

Con los dientes torcidos
pinta amapolas marchitas.

Esculpe discursos
de larvas
mascando tabaco.

Anda inmerso
en la búsqueda
del hombre amarillo.

Y su calavera
de color verde muerte
sigue intacta
dando vueltas
por los pasillos
del manicomio.

Lo he visto
lo he visto
con piel de humo
sexo de odio.

La locura
está viuda
el niño ya no juega
en aquel parque
de las afueras.

Y todas aquellas arañas
que alguna vez
tuvieron la osadía
de plantar veneno
en tu cabeza
ahora, querido maestro,
están ahorcándose
en su propio laberinto.
 
Tu amada
sin rostro
hecha de sal y arena
hecha de las algas turbias
que deja la marea.

Tu amada es
una arteria saturada.
Ella continúa bramándote
en cada nube deformada.

Sólo los yonkis
que hacen cola
en el ambulatorio
saben que te asesinaron.

Tú lo soñabas
y no parabas de advertirlo.
Te asesinó el señor gordo
con puro y sombrero.
Aquel señor gordo
que nos jode a todos.

Leerte es una sed insaciable.
Un camino torcido
que no conduce
a ningún final concreto.
Una ventana con cerradura
navaja oxidada.

Los locos nos entendemos
entre nuestra locura,
entre nuestra música distorsionada.

Porque aquel demente
que pasó su vida encerrado
drogado legalmente,
aquel es mi maestro.

El que me amputa
cada dedo
cada sueño
en sus nidos
de pájaros estrangulados. 

Porque España ni reconoce
a los muertos de sus fosas comunes
ni a los fósiles recién
salidos de la lavadora.

Permiteme, maestro
que rompa este silencio
y cubirte con esta agonía.

Porque él es como su poesía.
INFINITO.

Y cuán orgullo es pronunciar
tu nombre abrupto
desenterrado
rociado de blasfemia:
<<LEOPOLDO MARÍA PANERO >>

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