viernes, 9 de diciembre de 2016

Oleaje

Como el estruendo
incesante
del mar
tempestuoso.

Irrumpes
chocas
y como una ola salvaje
te vuelves a ir
alejándote
difuminándote
en la bruma.

Así te fundes
en un recuerdo
de sal
infancia
locura.

Tu rostro de arena
se queda
quieto
silencioso
hermético.

Y la espuma
vuelve a quedar
intacta
ajena
caótica.

Arrastro los pies
y siento
las plumas
de las aves muertas
de los ojos deshabilitados
del lúgubre sonido
que no cesa ni un instante
en el estómago
hasta que suba
de nuevo
la marea.

El faro del puerto
sólo da sombra
en cada
mano rota
por la ausencia.

Guardamos el día
en una cortina de algas.
En una noche
tranquila
calmada
y eterna.


1 comentario:

  1. Piel y costa, dos fronteras permeables que contienen y comunican mundos distintos condenados a entenderse. Al menos a entenderse, bonito oír hablar y soñar con la eternidad, cuando hoy en día, hasta ella lleva fecha de caducidad.

    Besos Loba ;-)

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