lunes, 12 de diciembre de 2016

Clandestinidad

Desde la clandestinidad
ayuno ausencia.

Ráfagas de tierra negra
cubren el rostro
manto de leña muerta.

Se extinguen
los números de teléfono
la caricia de los interruptores.

Ciudades cadáveres
convertidas en
un grito turbio
de polvo y arena.

Los hijos de la niebla
caminamos descalzos
para no despertar
a los árboles.

No tenemos
sombra
ni reflejo
ni sueños.

El rumor de la batalla
queda tatuado
en la frente
de aquellos
que con sus
párpados heridos
mantienen la mirada
abierta de par en par
ante el horror
silencioso
ajeno
y cautivo
de lo desconocido
del amor
gritando "te quiero"
antes de convertirse
en quejido
lamento
añoranza
piedra
escollo
gris
cielo
clandestino.

2 comentarios:

  1. he llegado aquí por azar... y tu poesía, es disparo y vértigo, conmoción y belleza... profunda y convulsa tu voz

    salud

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