viernes, 2 de septiembre de 2016

Niños luna




En la ciudad el cielo nocturno es naranja.
Hay espejos en las puertas de los edificios.

Y tus ojos me lapidan en cada pared, esquina, ventana cerrada.

Hay niños luna jugando en el parque,
tan ausentes a la realidad,
que flotan entre gamuzas atrapa polvo.

Quiero convertirme en migas de pan,
en las tardes infinitas cuando las ancianas se sientan en una silla a tomar el fresco.

Caricias de reptil
y vino blanco.

No puedo moverme cuando
las cucarachas azules se acercan.

Pienso en las luces de tu boca,
y las piedras que me dejas en los bolsillos al abrazarme.

En las jarras de agua fría
que tiritan en las lenguas
que no tienen más remedio que lamer paredes.

La perprelijadad de tu rostro cuando le das la vuelta a la muñeca y ves el reloj parado, en pausa, respirando.

Y los grifos congestionados estornudan en cada latido de las alcantarillas que no dejan de gritar, ladrar, chillar algo ensordecedor, obvio, palpable.

Ganesha está atrapada en el ascensor,
y las puertas son de color grisáceo.


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