sábado, 20 de agosto de 2016

¿Quién mató a Laura Palmer?




La noche
esperando a tus ojos.
Y ellos esperando caer
en un charco de papel de plata.

Exhalarte cada día
como una nube de humo
que entra en mis costillas
para salir por cada centímetro de mi,
por cada poro de piel.

La mujer chimenea.

El éxito sólo es algo que se inventaron
para no dejarnos dormir tranquilos.

Crearemos brújulas sin norte,
para no tener nada que buscar.
Nada que encontrar.
Nada que perder.

Habla despacio
y déjate resbalar en mi oído
cómo una ráfaga de oleaje violento.

Ese es el único mar que nos pertenece.
El mar de invierno, caótico y brusco.

Las comodidades son para aquellos que doblegaron su esperanza en la mentira.
Es fácil vivir sedado. Sólo hay que descorchar una botella y después otra, y otra. Hasta que la lengua se queda sin fuerzas y sólo da tumbos.
Muñeco de trapo.

Me gusta quitarme el maquillaje,
observar como la toalla se llena de tonos negros y marrones.
El ritual nocturno en el que me miro al espejo y no tengo nada más que decirme.
Siento miedo.

Luego fijo la mirada en cualquier otro lugar de la casa para volver al aquí y ahora. Enciendo el televisor todo es tragedia o está sobreactuado.

Y en el fondo he de confesaros que yo maté a Laura Palmer.


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