miércoles, 27 de julio de 2016

Cinco minutos más



El vagón de tren está en silencio,
tanto que duele, quema y embiste.
La ausencia de sonido me deja huérfana, atada de pies y manos en el asiento. 

Le pido 5 minutos más a la vida.
Le pido que nunca sea final de trayecto.

Cierro los ojos invocando tu saliva.
Abro despacio los párpados, y el paisaje me escupe como un cuadro de Friedrich.

Miro alrededor y todos los rostros son conocidos. Hijos de la desesperanza.
No recuerdo cuando se nos hizo tarde.
Así viven las luciérnagas en los ojos del que tengo enfrente. Ellas me hablan del mundo como un tarro vacío que se cierra después de guardar amor, sal y aceitunas negras.

Leo un libro con restos de arena.
Cicatriza la grieta de una ventana sucia.

Abro despacio el corazón.
Laurel en las arterias.
Vacío en las costillas.

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