miércoles, 5 de noviembre de 2014

Benditos 9 años







Hace frío, bueno en Rusia esto no sería frío, supongo que en realidad refresca.
Salgo del metro y voy andando hacia casa, entonces recuerdo aquellos veranos de la infancia.

Éramos un grupo de críos, Nachete, Eli, Miguel, su hermano pequeño y yo.

Nachete era el típico niño repelente de familia adinerada, su papá era médico. A veces tanta buena educación se volvía en su contra y pasaba a ser soez, guarro y un poco hijo de puta. En una ocasión empezó a fingir orgasmos hasta que pasaron unos adultos y le miraron fatal, entonces dejó de hacerlo. Delante de los padres siempre ponía una expresión falsa en su cara.

Recuerdo a Eli como esa niña vasca que me enseñó palabras en su idioma natal, y posteriormente en inverno llegamos a cartearnos.

Miguel y su hermano pequeño, eran unos niños como el jabón neutro, no tengo ningún gran recuerdo guardado.

Después de cenar, nuestros padres nos dejaban salir por la urbanización.
Hacía olor a noche de verano y jazmín.

Lo mejor de todo el año eran esos niños, el resto del año la urbanización parecía un cadáver, quieto, sin vida y frío.

Pues esas noches, aprovechando la oscuridad y con algo de ingenio, nos dedicamos a reírnos a costa de los demás.

Benditos 9 años.

Lo suyo era atar una moneda de 25 pesetas con hilo de pescar, creo que lo hicimos con una de 100 pesetas también, la solíamos dejar en la acera, fuera de la urbanización, y escondernos entre los setos que separaban la urbanización del mundo exterior.
La hora también era relevante.

Si era temprano pasaban bastante extranjeros que iban de camino a la playa, y como no ya iban en un estado etílico importante, con lo cual solían picar. Se agachaban de cuclillas a por la moneda y entonces tirábamos del hilo.

Lo curioso era la reacción, al principio se quedaban inquietos y sorprendidos: ¿Se ha movido la moneda o es que ya me he pasado con el drinki?

Lo intentaban otra vez, recuerdo como nos aguantábamos la risa. Y segundo intento fallido. Entonces ya lo veían raro, ya no era el vodka, algo más estaba pasando. A veces lo dejaban estar y seguían andando, otras lo comentaban con sus acompañantes e incluso lo intentaban una tercera vez.

Pero al final no podíamos más, y las risas sobrepasaban los setos. Y hoy han sobrepasado hasta el tiempo.

4 comentarios:

  1. De la fuerza incontenible -en tus textos poéticos anteriores- a la ternura de esta prosa en la que se puede experimentar nostalgia y otros misterios propios del pasado personal. Me ha encantado este texto tuyo, compañera.

    Un abrazo

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  2. Sigue oliendo a noche y jazmín en tus letras.

    Beso.

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  3. Jo, qué tierno!
    Yo nunca tuve amigos de verano.

    Un abrazo!

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