sábado, 9 de agosto de 2014

Irrealidades

 
Eva Wollenberg


A veces solo somos el tren de Anna Karenina,
un tatuaje sobre otro,
una mancha de tinta en el mantel,
una palabra olvidada al final de un verso,
una continuidad en la línea del tiempo inacabada,
un crujido de muebles solitarios,
una llamada perdida, un mensaje no recibido.

Ya nadie escribe cartas,
solo recibimos publicidad y extractos de bancos.

Only emails. Another week. Another life.


*

El cinismo es una forma de supervivencia.
No me gusta la indiferencia.
Todos tenemos un reflejo, el mio está borroso.
Ellos me miran y no lo dicen, pero lo piensan.
Soy la muerte.
Asusto sexymente.
Tengo ego de sobra gracias al capitalismo extremo.
Callarme sería una blasfemia.
Mueren de hambre y yo con diabetes por sobrepeso a los 25.
Esto es un manicomio y tú.

Tú eres mi sentencia.

*

Lloran las bombillas antes de fundirse
porque el drama cotidiano no las deja brillar.
Vamos al chino a comprar otra bombilla.
El dependiente no habla nuestro idioma.
Menos mal que los ataques de risa son internacionales
igual que la soledad o el orgasmo.

Llueve en la urbe.
Vuelve la luz.

*

Hay brújulas dormidas en las espaldas de los niños.
De ahí la feliz infancia.
Seamos irrealistas.

4 comentarios:

  1. Pero... pero...



    ¡¡buah!!
    Oh, infiernos

    [ahora ya me puedo morir tranquilo]

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  2. Microrrelatos dolorósamente urbanitas.

    Un abrazo!

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  3. Genial, amiga. Me siento identificada por completo. Qué grande!! Poco a poco voy volviendo.
    besos de admiración

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