miércoles, 3 de abril de 2013

Nostalgias (I)




Sus ojos ante el mar se volvían grises. Aquellos otoños con mi madre son uno de los pocos recuerdos agradables de mi niñez. 

Paseábamos por las tardes ante ese océano, pero sin duda los días de viento eran los mejores. El horizonte para mi era finito, no había más allá de ese horizonte. 
Los días de viento me gustaban especialmente porque de alguna forma sentía que el mar se rebelaba, que luchaba contra si mismo. 

Podía pasar horas mirándolo, aunque al final mi madre siempre me llamaba la atención. 

Yo no lo sabía entonces, pero el mar era una divinidad convertida en una burda puta de hostal. Me gustaba el otoño porque ya no había turistas, parecíamos las únicas habitantes de la tierra. Mirar a ese mar era como robarle su virginidad. 

El temporal era una demostración de su poder salvaje. Y en aquellos días de fuerte oleaje aprovechando la confusión, entre la ira de aquella masa de agua gris, yo solemnemente anunciaba el avistamiento de una sirena. 

Mi madre, como cualquier madre, se convertía en la mejor actriz del mundo, sus ojos grises se abrían fuertemente y con una cara de asombro, confirmaba de manera cómplice el secreto. 

Hipnótica sensación agri-dulce.
 

5 comentarios:

  1. Así que el mar es una divinidad transmutada en prostituta de burdel? Y yo que la adoro... hermosa entrada, y me ha despertado recuerdos similares de mis setiembres en la Costa Brava y sus tormentas y oleajes al final del verano, como si con ello la mar quisiera librarse por una temporada de todos aquellos turistas que pisotean sus playas.
    Besos Loba

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  2. El mar en invierno es hermoso, pero sigo anhelando mucho más uno de esos interminables paseos por los montes del pueblo. Cada uno con su recuerdo

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  3. Es precioso... me has tocado la vieja herida pero creo que hace mucho que no leo algo tan bonito.
    Un beso.

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  4. Las nostalgias suenan a un lejano Ravel en tus manos.

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  5. Loba, yo no se por qué no nos regalas más a menudo textos en prosa como este... He leido alguna cosilla antigua que tienes por ahí de antes, algo de viajar en tren, y me encantó... La comparacion del mar como puta para el turismo es genial. Las madres son estupendas actrices para espectadores infantiles, y ven sirenas, ya lo creo que sí. Mi vieja, en aquellos momentos perdidos en el tiempo, cuando no era el ser egoista en el que se ha convertido ahora por culpa de la edad, me contaba cuentos: el gallo Kiriko o la ratita presumida... y los representaba muy bien... Besos.

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