miércoles, 25 de mayo de 2011

La selva del agua helada



La soledad son lazos frágiles que flotan en la inmensidad oceánica,
perpetuamente condenados a fluir entre luciérnagas ambiguas.

Los tigres no comen hierba, el pensamiento siempre será un dilema.
Atrapada en la rutina, veo como las horas devoran mi vida.
El reloj no para, y cada vez estoy más asustada.
Recorro avenidas como si fuese una niña perdida.

La inercia de los cuerpos es una muestra del caos latente.
Náufragos metafísicos, la realidad carece de sentido.
Mirame los ojos que ellos no quieren mirarte,
gritarme en la boca porque ella quiere besarte.

Hastío profundo de las aguas inestables,
las luces insolubles a veces inquietan la perpetua penumbra.

Llamame de madrugada, entre tus gritos de poeta,
que ya no creo ni en los árboles de primavera,
amapolas mustias entre papeles de lujuria.

Los parpados anonadados, las pupilas de color lila,
los paraguas volando, las flores sin olores,
la música entre gemidos, los filósofos descuartizados,
los políticos ahorcados, las corbatas asesinas,
Neruda llorando y los girasoles callados...

Poetas envenenados.

Se enamoró de otra, pero qué más da si estuve rota...
Los tigres no comen hierba, grita el ciervo en vela.

2 comentarios:

  1. Muy bueno el texto y que bien poner a Pessoa, siempre es un acierto!!
    Buen jueves danzarina.
    Miette

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  2. Muchas gracias! Es bueno saber que alguien me lee jajajjaa!!!! Me encanta Pessoa, además es cierto, nunca hay que fiarse de los poetas. Que tengas también un buen día! Nos vemos por aquí y siempre un placer tus paranoias literarias! Un saludo!

    I*

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