martes, 15 de marzo de 2011

El crimen contra la Humanidad:



Decididamente, lo que más odio en las personas es la indiferencia, puesto que la indiferencia es la sublevación directa que ha creado el sistema. La indiferencia es parte de la ignorancia que se nos ha impuesto desde el nacimiento en sociedad. La ideología que intenta manipular e imponer su ley, es en sí un arma de destrucción masiva de millones de cerebros.

¿Votar o no votar? Eh ahí la cuestión. Como dice Toffler:
‘El gobierno representativo es, en resumen, una tecnología industrial para asegurar la desigualdad... Además el control jamás recayó sobre el pueblo, de hecho, lejos de debilitar el control ejercido por las elites directivas, la maquinaria formal de representación, se convirtió en uno de los medios clave de integración por los que se mantenían a sí mismas en el poder’.

¿Cuándo surgió el concepto de nación - Estado? En la era industrial era imposible tener una integración económica, sin tener una integración política. ‘Lo que llamamos nación es un fenómeno de la era industrial: una única e integrada autoridad política sobreimpuesta a una única economía integrada o fundida con ella.’

¿Es igual una democracia parlamentaria que una democracia directa? La democracia parlamentaria suele darse en países o naciones capitalistas, la democracia directa suele aplicarse en países comunistas. Aunque no sean exactamente igual, el fin es prácticamente común, lo de ‘un hombre, un voto’ esconde una trampa en ambos casos
El comunista húngaro Otto Bihari, escribe: En el curso de la elección, la voluntad del pueblo trabajador hace sentir su influencia en los órganos gubernamentales hechos nacer por el voto.

En sí, cualquier gobierno desde los principios de la era industrial, fundamentaron en una jerarquía un sistema para integrar una nueva sociedad, política y economía. Y se basaron en prácticamente las mismas cosas. Por el hecho ya de ser un gobierno, para mí siempre será un órgano de poder corrupto sea cual sea su ideología, los gobiernos son un crimen para la humanidad.

Tanto en naciones capitalistas como en naciones comunistas, fueron los integradores quienes se elevaron a la cumbre. Marx se equivocaba, puesto que no era la propiedad de los medios de producción lo que otorgaba poder. Era el control de los medios de integración.... las decisiones del propietario eran moldeadas, y en último término controladas por especialistas introducidos para coordinar el sistema. Surgió así una nueva elite de ejecutivos, cuyo poder descansaba ya no en la propiedad, sino en el control del proceso integrador.

El enemigo hay que destruirlo desde dentro, pues por desgracia estamos dentro. Pero no por ello participaré en el ritual de seguridad, lo que la gente llama ir a votar no es otra cosa que ir ha hacer el imbécil.

El gobierno representativo hizo posible una ordenada sucesión sin la existencia de dinastía hereditaria. Abrió canales de comunicación entre las capas superiores y las inferiores de la sociedad. Proporcionó el terreno en que podrían reconciliarse pacíficamente las diferencias entre los distintos grupos... Pero desde el principio defraudó sus promesas. De hecho, lejos de debilitar el control ejercido por las élites directivas, la máquina formal de representación se convirtió en uno de los medios clave de integración por los que se mantenían a sí mismas en el poder... El votar proporcionaba al pueblo un ritual masivo de seguridad, transmitiendo al pueblo la idea de que las elecciones se realizaban sistemáticamente, con regularidad de máquina, y en consecuencia, por implicación, racionalmente. Las elecciones aseguraban de manera simbólica a los ciudadanos que ellos conservaban el control, que podían, al menos en teoría, revocar, así como elegir, dirigentes. Tanto en piases capitalistas como en países socialistas, estas seguridades rituales se revelaron con frecuencia más importantes que los resultados reales de muchas elecciones...

Es triste admitir que desde la segunda ola, lo que se llama era industrial, la sociedad se ha estancado, pero es cierto, y al pensar en el futuro no hay que deprimirse, si no ser conscientes de la superlucha que hay que tener, de la fuerza y el valor con el que tenemos que seguir hacia delante, no por nuestro futuro, si no por el de nuestras próximas generaciones. Así Alvin Toffler en la tercera ola, hace un macro análisis de toda la historia de la humanidad, y aunque es un libro con 30 años o más, tengo que reconocer que en algunos aspectos me dejó boquiabierta cuando este verano tuve ocasión de leer. Este fragmento describe muy bien el concepto de burocracia que surgió de la industria y se llevo a todos los ámbitos de la vida humana:

La salud llegó a ser considerada como un producto suministrado por un medico y una burocracia sanitaria, más que como resultado de unos inteligentes cuidados dispensados a si mismo por el paciente... La educación era supuestamente producida por el maestro en la escuela y consumida por el alumno. En las sociedades de la segunda ola, la era industrial, hasta la agitación política fue concebida como una profesión. Así, Lennin afirmaba que las masas no podían provocar una revolución sin ayuda profesional. Lo que se necesitaba -decía- era una organización de revolucionarios de la que solo podían formar parte personas cuya profesión es la de revolucionario.

Entre capitalistas, comunistas, ejecutivos, educadores, sacerdotes y políticos, la segunda ola produjo una mentalidad común y una tendencia hacia una división del trabajo mas refinada aún...



Toda la vida humana, desde la industrialización se ha mantenido regida por las pirámides de poder en cada ámbito, y destruir estas pirámides es una tarea casi imposible, no imposible pero casi. Se pueden hacer varias cosas al respecto unos eligen la lucha armada, otros la lucha simbólica. Pero ambas son formas de lucha que deben ser respetadas, las acciones violentas están más que justificadas, la condena de la violencia me parece una posición hipócrita y me da igual si me llaman demagoga por pensar así. La lucha simbólica no se ha de apreciar menos, porque cuando no puede la violencia, siempre nos queda el arte, un ejemplo de lucha simbólica fue la huelga de Tranvías en Barcelona durante el franquismo, la gente de manera silenciosa fue hablando y nadie cogía el tranvía, como protesta por la subida de precios, de ahí que se llamé la huelga silenciosa de tranvías, los revisores no podían obligar a la gente a subir, y al día siguiente aparecieron los precios sin la subida de coste. Yo formo parte de esta lucha simbólica, intento no enriquecer a multinacionales y evitar el consumo de ciertas cosas que sé a quién enriquecen. La lucha simbólica puede parecer una postura más cómoda o menos comprometida pero no es así, a Miguel Hernádez por ejemplo le dejaron morir por escribir versos contra el franquismo. Las ideas, el arte a veces son peligrosas y molestan al poder, la censura es lo único que les queda para acallar las voces de los inconformistas, para acallar las voces del pueblo.

He de reconocer que las nuevas tecnologías nos han proporcionado en este sentido una parte mala y otra buena, por una parte nos han dado cierta libertad de difusión y por otra también han contaminado el contacto humano y han creado así también cierto control que los gobiernos son capaces de examinar, llegando a conocer hasta nuestros gustos, ideas o pensamientos y utilizarnos para estudios de mercado.

Tal vez después de estudiar algo de historia y leer algunos libros he llegado a la conclusión de que no tengo espíritu patriótico, no tengo bandera representativa, y me gusta poco la simbología, seguramente odio todo lo que lleve un orden, cualquier jerarquía, cualquier uniforme militar, odio cualquier imposición, fanatismo o dictadura sea de quién sea esa dictadura. Las dictaduras me parecen una enfermedad que hay que erradicar, quizás sea una ilusa, una utópica, pero odio el orden. Si la gente es imbécil y no despierta del espejismo de Dios, que sean felices de coger esa opción, yo no puedo imponerles mis ideas, porque al fin y al cabo son libres para despertarse una mañana y empezar a leer, yo no puedo ser autoritaria porque odio a la autoridad, odio que me impongan algo que corte mi libertad. Y en el momento que yo intente imponer mis ideas basándose en crear miedo y represión, a base de dictadura me convertiré en un monstruo, a veces funciona mejor enseñar o recomendar, que obligar.

En el momento que se empieza a querer erradicar algo e imponer el miedo para conseguir algo eso es convertirse en nazi, en fascista... La gente está demasiado acomodada en los pilares del poder, en la organización, todas las cosas parecen ocupar su sitio, la jerarquía infundada se ha vuelto como algo bien visto socialmente. La humanidad está dormida bajo los sedantes de la industrialización, la economía, la política global... El racionamiento general que se ha extendido es el egoísmo: mientras no me afecte, me es indiferente. Es así, quizás si yo hubiese pertenecido a una clase alta nunca hubiese escrito estas líneas. Hay días en los que todo carece sin sentido, pero son en esos días en los que pienso en los hijos que todavía no he tenido.

Me gustaría saber la opinión de alguien respecto a todo esto, si es que alguien se lee toda esta parrafada... A veces me siento loca, pero siempre he sabido que los locos son ellos, y que la historia la escriben los valientes, como me dijo un gran amigo.

La historia la escriben los valientes, pero da igual que sean vencedores o perdedores, lo que importa es la valentía, es dar el paso hacía delante, sin amargarse por el pasado o por el presente, hay que tener esperanza y pensar en el futuro. Un saludo al valiente que haya sido capaz de leerse toda esta parrafada.

1 comentario:

  1. Admito que tengo menos idea de la que me gustaría acerca de estos temas, aunque también es cierto que tengo mi humilde opinión. Lejos de entrar en un debate sobre el sistema, la corrupción y el poder, voy a dejar un par de ideas al aire. Primero, creo que la especie humana carece en su mayoría de humanidad. Falta conciencia de especie y mucho respeto a la vida. Tienes razón en el "si no me afecta, me da igual". Si no vemos más allá de donde alcanza el horizonte, poco tenemos por hacer. Segundo, el afán por el crecimiento es desmedido. Crecer, vale... pero hasta dónde? No hay limites para el que quiere más y más. El hombre no tiene suficiente nunca, es egoísta y también avaricioso.-que son conceptos parecidos, pero diferentes- El egoísta no quiere compartir con el resto lo que tiene y el avaricioso desea tener también lo de los demás. Si te paras a pensarlo es horrible. El capitalismo es la base de todos los problemas del mundo moderno, u casi todos. La naturaleza del hombre hace el resto.

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