lunes, 7 de febrero de 2011



Las flores se marchitan,
sin agua no son nada.

El sol las ilumina,
y él las acaricia.

Estuve perdida entre escombros,
hasta que me encontré entre lobos.

Y decir que le amo,
fue firmar mi condena de ser poeta.

Ni si quiera puedo tocarle,
pero me basta con besarle.

Aunque sea por medio de versos
me lanzo a sus brazos y muero en los labios.

Soy una triste payasa
disfrazada de alegre niña rara.

No tiene sentido porqué
entre capitalismo lo perdimos.

La ceguera se expandió
y la humanidad globalización lo llamó.

Sin ganas he despertado,
hoy un sueño me ha inquietado.

Y era tu mano, la que me acariciaba,
Y era tu boca la que susurraba:

“Regresamos del infierno,
pero tampoco el cielo nos da consuelo,
el paraíso se mudó de nuestro mundo,
para que los mudos no vuelvan,
lloraremos, reiremos y nos haremos viejos.”

Despertamos con 70 años,
los dos arrugados y algo cansados,
pero con una sonrisa hasta el final de nuestra vida.

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