sábado, 19 de febrero de 2011

Crónica de un vómito alienígena (absténgase pudorosos Wagnerianos)

‘¡Hay mucha sabiduría en el hecho de que exista mucha mierda en el mundo!’(Nietzsche, Así habló Zaratustra)

Llego a casa cansada y agobiada, llamo a una amiga pero ésta se excusa.
Ceno fideos chinos liofilizados, y me voy sola al bar estrellado.

Llego al bar y me encuentro con otro conocido que es también asiduo. El hombre sabio tiene casi 50 años, no posee ningún diploma ni licenciatura, pero sabe más que cualquier universitario.

Pido un tercio y comenzamos nuestra conversación. El hombre sabio me dice que con poca gente puede hablar de literatura y filosofía como lo hace conmigo, ante este comentario sólo puedo reírme, y contestarle que no soy nadie, sólo una niña algo rara.

Naufragamos en los tercios, divagando sobre filosofía, después hablamos de historia, e incluso acabamos hablando de su vida amorosa. Entonces me mira y me dice que no comprende como estoy sola, y no se explica porqué los chicos del pueblo no están detrás de mí. No recibe contestación directa, simplemente me da un ataque de risa, y la camarera también conocida, escucha atentamente nuestra conversación y de vez en cuando intercala algunas palabras. El local esta medio desierto. El hombre sabio sale del bar para fumar, mientras yo saco un libro del bolsillo y comienzo a leer. Pido otro tercio. Pasa el tiempo, hasta que el hombre sabio se va a casa donde le espera su mujer.

Me quedo leyendo y a ratos hablando con la camarera, de repente me da un espasmo y le pregunto por Lleida, ella se queda parada y me pregunta qué cojones se me ha perdido allí, ante su pregunta miento como una bellaca y le respondo que nada. Entonces ella me dice que en lo único que recuerda de Lleida es un castillo o una catedral, me mira como pensando ‘la chiquilla va medio pedal, y le da por estas cosas...’

Sigo bebiendo pensando que nunca seré la inocencia personificada porque soy demasiado perversa y extraña. Mi cabeza se pierde entre la penumbra sombría que absorbe la cerveza derramada por la barra. La camarera que actúa a veces como psicóloga, para rematarme me invita a un chupito.

Sube mi calor corporal, y comienzo a reír por no llorar, pensando en asesinar al pudor. No me creo lo más importante del universo, más bien soy una mota de polvo en una galaxia extraterrestre a años luz de este maldito mundo.

Me despido de la camarera, salgo del bareto y me balanceo por la acera que se tiñe de color amarillo por culpa de las farolas, que nos inundan con su contaminación luminica.

Voy andando y en mi pequeño terremoto cósmico pienso simplemente que soy una estúpida disfrazada de polifonía cacofónica... entre todo el mareo se me ocurren chistes absurdos como: ‘sería gracioso que durante el Concilio de Trento (s.XVII) hubiese sonado un móvil con politionos, entonces Machau no hubiese podido hacer nada por la polifonía, y ésta hubiese sido prohibida durante un par de siglos.’
Totalmente ebria mi humor se vuelve incompresible para el resto del planeta, pero a mi me hace gracia y me da por reír. Llego a casa, y la cerradura no encaja, recuerdo una publicidad anti-drogadicción hasta que consigo encajarla y abrir la puerta. Veo a mi padre totalmente narcotizado, dormido ante la TV que hace un par de años reciclamos. Le despierto y lo envío a la cama. Intento disimular y me escondo en el baño. Mientras pienso insensateces, pienso en ducharme e intento no estamparme contra los azulejos blancos. De repente pienso en la palabra ‘simposio’ y me hace gracia. Me desnudo ante el espejo y me entran ganas de perderme en la selva salvaje. Me dirijo a la ducha y el agua parece resucitarme un poco, consigo salir del cuarto de baño con vida, después de dejar allí casi todos los fideos hechos grumitos.

Recuerdo las palabras del hombre sabio: ‘Nietzsche quería eliminar toda moral, él consiguió asesinar al pudor.’ Por eso eructo y no me parece ningún insulto, voy hacia mi cama con los cascos en mis tímpanos, mientras Insulino me secuestra, haciendo olvidar mi otra realidad. Jamás encontraré la calma porque soy un torbellino, un huracán caótico que rompe y destruye cualquier cosa normal, dejando a su paso un colapso mental... regálame un samovar y te dejo en paz.

Son las 3:12 de la madrugada y me convierto en un hada mutilada, medio extraterrestre, aunque a veces también veo vida mutante por el exterior, prefiero divagar por mi interior.


Puta, ¿te crees que estás en un safari?

2 comentarios:

  1. Me alegra ver que hay más gente que va sola a los bares. Yo también lo hago. El martes pasado lo hice, pasé un par de horas divagando conmigo mismo y mis cervezas. Me gusta hacerlo de vez en cuando, siempre que lo necesito. A veces necesito estar allí, en mi bar favorito, con los camareros de siempre, que me dan la conversación justa y me dejan en paz con mis pensamientos...

    Hubo un momento que me hizo mucha gracia el otro día: yo estaba allí, ojeando el periódico mientras apuraba la segunda jarra, y se me acercó uno de los dueños, al que conozco desde mis tiempos de instituto (ya ha llovido) a pedirme perdón medio en broma por la música. Yo ni me había dado cuenta de que unas chicas que había al fondo del bar habían pedido Alejandro Sanz y estaban cantando a voz en grito, así que le dije que no me importaba. Realmente no me gusta Alejandro Sanz, pero mis pensamientos hacían mucho más ruido esa tarde que toda la música que hubieran podido poner.

    He de confesar que la entrada de mi blog llamada "I dissapear" la escribí esa misma tarde, en mi móvil, tecleando las palabras una a una mientras Alejandro Sanz hablaba de corazones partíos y la camarera de siempre me daba a probar el nuevo vino que les había llegado. Un vómito en toda regla.

    Un abrazo, i*

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  2. =) Que genial!!! A mi tampoco me entusiasma Alejandro Sanz. No sabes lo feliz que me hace sentirme comprendida, un abrazo VMGB!

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