martes, 11 de enero de 2011

Olor a Libertad


Escupiría sangre por la libertad, pero trago demasiado veneno a diario.
Pertenezco a los sin patria, a los que no tenemos ningún himno ni bandera.
Me desquician los eufemismos. La hipocresía es la comida del día a día.

Niños muertos no son daños colaterales, son víctimas inocentes del puto sistema económico.

No se llame soldado al mercenario, no se llame hombre al monstruo.
Cambian el vocabulario según les convenga, disfrazándolo de retórica lingüística.

Si la religión es el opio del pueblo, la economía es la farla del mundo.

Las dictaduras fascistas o comunistas son culpables de crímenes contra la humanidad, no olvido a Hitler pero tampoco a Pol Pot.

Una cosa el la teoría y otra la práctica. La práctica se vuelve esperpéntica.

Si Marx resucitará quizás exclamaría: ¡Han corrompido mis ideales hasta deformarlos!

El poder corrompe y el revolucionario deja de serlo cuando se convierte en autoritario, el Che lo sabía, por eso cuando sucedió la revolución en Cuba, y su ‘amigo’ Fidel le quiso poner a cargo de un ministerio, éste renunció porque era de naturaleza humilde, su lucha no estaba en los despachos, si no en la selva fusil en mano.
Al Che le hicieron una emboscada para asesinarlo, cuando lo encontraron, él lo supo, le habían traicionado. ¿Quién? Alguien o algunos con ansias de poder, nadie sospecharía de Fidel, pero hubo gente que sospechó de Fidel y de otros comandantes, esa gente fue asesinada.

Algo parecido sucedió en España, el 23-F, la operación galaxia quedó bajo la manta.

Seguramente hoy en día el Che escupiría en la cara de Fidel, que ha convertido a Cuba en el destino favorito del turismo sexual donde por poco dinero un occidental puede mantener sexo con una menor. El señorito Fidel sale en televisión con chandal adidas fabricado seguramente por niños explotados o por el capitalismo estadounidense que tanto odia, mientras su querido pueblo se muere en la miseria y el verdadero comercio está en el mercado negro. Creo que Fidel hizo de un sueño su pesadilla. Quizás yo también sea otra hipócrita en este circo, pero al menos lo reconozco y soy consciente de mis faltas.

También el Che escupiría en el merchandising barato, camisetas y chapas con su cara que exhiben los capitalistas como parte de su rebeldía. Pero yo me pregunto:
¿Quién fabricó esas chapas, esas camisetas, quién las vendió, quién las compra, ha dónde va ese dinero? Yo he sido otra más que ha contribuido a este sucio negocio.

La mafia capitalista mata hasta el espíritu revolucionario, palestinas en zara, me dan arcadas. Pienso en el dueño de todo este puto imperio. El capitalismo es otra manzana podrida con la que nos atan de pies y manos. EEUU se cree la dueña del planeta, el país que más contamina, rechaza el protocolo de Kioto. Le dieron a Obama el premio Nobel por ser negro, eso no tiene mérito, hay miles de presos políticos y gente que dedica su vida entera para luchar por la justicia y la igualdad, no como esas ONG’s que van de incógnito a Burkina Faso a ver si pueden sacar tajado de los pozos de petróleo.

Mi bisabuelo era comunista, y combatió junto a otros maquis en las brigadas del POUM durante la guerra civil, hasta que se lo llevaron preso a un campo de concentración en Albacete.
Le admiro, y me hierve la sangre pensar que como él murió tanta gente para que hoy en esta ‘Democracia Monárquica’ sigan legalizados partidos fascistas que asesinaron a miles de personas en fosas comunes, y luego las niñatas de hoy en día sólo se preocupen de tener un móvil táctil y ver física o química.

Tanto Anarquistas como Comunistas compartimos la teoría (ideales) pero no la manera de llevarlos a la práctica. Los anarquistas hacen la revolución desde las calles, los comunistas prefieren hacerlo utilizando al propio sistema, pero el problema es que está táctica se vuelve en contra, y es el sistema quien al final utiliza al comunismo, apoderándose de los ideales marxistas y corrompiéndolos.

La cuestión es que no se puede utilizar al sistema porqué ya está podrido y contamina a todo lo que se acerca, por ello hay que destruirlo de manera directa, con las armas de la cultura, la calle, los libros, sin tener que necesitar nada de ese sistema ni de ningún otro, creando el caos, dejando libre al instinto, al ser, a la naturaleza.

Seré una idealista, pero al menos tengo ideales que a veces me hacen oler libertad.

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