viernes, 28 de enero de 2011


Escribo para no morirme de frío.
En el cercanías todo parece más vivo.

En mis ojos lánguidos se esconden aullidos.

La penumbra cubre toda la urbe,
y las farolas quedan anonadadas ante
la mirada de peatones inconscientes
enamorados de alicientes vanalidades.

Todos se engañan, puesto que no llueve.
¡Ciegos!
Es el cielo quién llora
para arrastrar la arrogancia,
que ustedes disfrazan de democracia.

La melancolía me hace compañía.

Mi mirada se pierde por túneles oscuros,
sufriendo una metamorfosis
que resquebraja la catarsis.

Catástrofes más áridas he parecido,
pero tranquilo, no se acaban mis palabras,
sigo rodeada de hadas
aunque cada vez más intoxicadas.

Me estremezco cuando invades mi pensamiento,
todo en mí es lamento.

Asesiné a la metáfora,
pero mi corazón la resucita
porqué la necesita viva.

Me dijeron que no se jugaba con las metáforas,
pero yo no aprendo,
y por segunda vez me quemo.

Las palabras son grietas en mi alma,
¿cómo decirte algo tan simple y complicado?
Quizás estés helado,
pero derretiré el hielo por que... te amo.

Es una sensación insoportable,
al mismo tiempo que desconcertante,
me muero por abrazarte.

Las metáforas,
divinas y malditas,
que me hunden en la desdicha.

Voy a derretir tu hielo, y convertirlo en fuego.

O quizás tenga que olvidarte,
porqué si no tu ausencia me destrozará el miocardio
y quedará enterrado entre cemento helado,
recordándote entre suspiros
y pensando en lo que pudo haber sido,
porque el tiempo es efímero.

Cierra los ojos, besa mis labios,
rodéame entre tus brazos,
acalla mis suspiros con tus gemidos;
allí en el infinito de nuestro sino,
dónde los versos se convierten en nuestros besos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario