jueves, 20 de enero de 2011

En tu ausencia casi me inmolo


*Dedicado al gorrión que despide al sol todos los atardeceres.


Qué decirte, qué no decirte.
El que tenga oídos, oiga.
El que tenga ojos, vea.

No soy la más guapa, ni la más delgada.
Por supuesto no soy la más inteligente,
tengo poco que ofrecerte.

Quédate con mi sonrisa,
para el resto de tu vida.

No soy la más alta, quizás algo baja.
Por supuesto no soy la más honesta y vanidosa,
pero tampoco soy ninguna mentirosa.

Recluida en mi cuarto, rodeada de libros,
partituras y esperanzas vivo.
Fuera hoy no se me ha perdido nada.

Pero tengo poco que ofrecerte,
quizás solo sea una chalada, chiflada, niña rara.

Quédate con mi ser,
para esos días que tú no puedas ser.

No soy ninguna princesa,
ni pertenezco al mundo de la alta nobleza,
sólo soy puta y santa, bruja y beata.

Todas las noches me duermo entre tu voz,
y cuando despierto sigue sonando en el abismo,
recitando versos perdidos en el infinito.

No soy nadie y nunca seré alguien,
porque no pretendo nada,
ni busco ser algo.

Simplemente vivo,
y vivir a tu lado sería más leve, quizás alegre.

Porqué tu ausencia me guía hasta el delirio
y no quiero perderme,
sin antes decirte que no me hace falta verte
para saber que amo tanto tu mirada, tus palabras,
que sin ellas, yo ciega y muda me pierdo
en la penumbra de mi absoluta locura.

Inmersa, presa de mi corazón dejando de lado toda razón,
te beso, te acaricio...
Y me pierdo...

En tu ausencia casi me inmolo,
pues yo sin ti no me soporto.

Luz y penumbra, más que nunca.

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