domingo, 30 de enero de 2011

Desde la periferia



‘Siempre hemos vivido en la miseria y nos acomodamos a ella por algún tiempo. Pero no se olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos carbón y los minerales de las minas, los que construimos las ciudades... ¿Por qué no vamos a construirlas de nuevo en mejores condiciones, para reemplazar lo destruido?
Las ruinas no nos asustan. Sabemos que ésa es nuestra herencia, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque estamos destinados a heredar la tierra y llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones....un mundo que está creciendo en este instante.
’ (Durruti)

‘No concibo humanidad sin libertad.’ (Bakunin)

Desde la periferia, en la lejanía se observa diferente el mundo... La humanidad está corrompida por los sentimientos de falsa necesidad, consumo compulsivo, trafico de medicamentos, comida basura, drogas de moda, tele narcotizada... En un mundo de ruinas es normal que la gente ande desconcertada sin saber porqué se tuvo que hipotecar, sin saber porqué tiene que trabajar... Las ruinas serán reconstruidas, porqué las heridas podridas se pueden aún curar, incluso con pequeños gestos que parecen insignificantes pero que son importantes.

¿Porqué ese trozo de tierra es tuya, por qué eres propietario? La tierra que toco, en la que hundo mi mano que se mancha de barro, no es de nadie. No poseemos la tierra, la tierra nos posee a nosotros. Nosotros somos parte de la naturaleza, pero ella no nos pertenece como una posesión. Por mucho que un papel diga que tu eres propietario, en el fondo no posees nada, no tienes absolutamente nada, sólo un papel firmado que la naturaleza no entiende, no concibe...por que la libertad no sabe de papeles ni burocracias. La naturaleza al igual que las personas no son una propiedad, por eso al mismo tiempo algunos no reconocemos a ninguna autoridad o jerarquía.

La guerra, la lucha se hace para progresar, para conseguir la paz antes hay que sangrar. Descubrí, gracias a ciertos humanos, que la arrogancia conduce a la auto destrucción, mientras que la libertad, la humildad guían hacia la sabiduría. He cometido grandes errores, tengo muchos defectos, pero estoy aprendiendo a perdonarme y dejar de torturarme. De pequeña me ponía a llorar porqué no quería crecer, y mi madre me calmaba diciéndome que nunca crecería. Ahora le digo qué quizás me equivoqué de época, de siglo, pensando que habría tenido que nacer en otro tiempo remoto que me causa más interés, ella se limita a contestarme: El universo, la naturaleza es sabia y si tu naciste en esta época es por qué tienes algo que aportar a este momento histórico, a la gente de esta generación.

Últimamente la gente que me rodea, me dice: Tienes que dejar de pensar tanto, piensas demasiado. Yo contesto vagamente: sí, algo tendré que hacer para dejar de pensar.

No pasan dos segundos de estas conversaciones ahora tan cotidianas que vuelvo a mis reflexiones. Seré una idiota, una idiota enamorada de la periferia. Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, y reconstruiremos las ruinas únicamente desde la utopía viva, que alienta nuestras esperanzas, que da fuerza y sentido a la lucha por la que muchos dieron su vida, y por la que muchos ahora también dedican su tiempo, sus palabras, sus poemas, sus canciones, sus mensajes. Sea cual sea la forma de lucha, de reconstrucción poco a poco las ruinas se convertirán en árboles vivos, en hielo derretido, en fuego, en lobos esteparios llenos de libertad que aullan revolución.

Si destruimos contribuimos a las ruinas, por eso construyo palabras, música, pintura, aunque para volver a construir a veces haya que derribar viejas heridas que cuestan cicatrizar, es importante poder mirar hacia delante sin ser esclavos del pasado, conociendo el pasado para que sirva de ejemplo, como parte del aprendizaje, y crear un mundo nuevo para nuestros hijos, ellos son el futuro, pues nosotros sólo somos el presente. Desde la lejanía el mundo adquiere otra perspectiva, quizás incluso bella dentro de toda su fealdad. El mundo, la utopía viva, crece y eso es imparable.

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