sábado, 18 de diciembre de 2010

La levedad insoportable.


Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética, y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida… En la memoria poética no había sitio para ella. Para ella sólo había sitio en la alfombra…

Las metáforas son peligrosas. El amor empieza por una metáfora. Dicho de otro modo: el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética.

La existencia humana pierde sus dimensiones y se vuelve insoportablemente leve.


(La insoportable levedad del ser – M. Kundera)


Me dormí entre versos,
él le gritaba al viento.
La rama del árbol se balanceaba
como quién busca la metáfora en los ojos.

El tiempo se volvió inerte,
plasmado en partituras inacabadas.
El semáfro verde y las luces menguaban
como la luna tan puta que me rasga el alma.

Me desperté entre flores marchitas,
mirando el techo de mi abismo,
divagando entre polos opuestos,
expuesto mi sino a la casualidad premeditada.

La distancia de los extremos que se tocan,
esperando al hedonismo déspota,
que nos roba la última sonrisa
para comenzar la primera lágrima.

La metáfora que me arrancó una pluma azul,
se desvaneció entre mis manos,
sabiendo que el atardecer muere
cuando la farola se enciende.

3 comentarios:

  1. Por cierto... una resaca cualquiera con quien tengo el placer de hablar, ¿con Berengeno, Joe, Tricia Takanawa o Shakespeare in zex? O sois todos el mismo...

    Un saludo y gracias por vuestros comentarios

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