jueves, 30 de diciembre de 2010



El cuerpo inmolado por ellos era su amor. (Ana Karenina)

La respiración va y viene,
aunque él la mayoría de veces parece ausente.

Las palabras naufragan,
y la realidad se diluye, se desfragmenta.

Miro el teléfono con la esperanza vagando desquiciada.
La insensatez se repite hasta el infinito, creando bucles.

Él es Durruti disfrazado de poeta,
o quizás sea un poeta con el alma de Durruti.

Yo no quiero ser su musa,
quiero ser el arma con el que combata: cuerpo y alma.

Pienso que si alguna vez llamara,
yo vomitaría el corazón por la laringe,
con la voz temblorosa, intentaría disimular,
para poder escuchar las inconcluencias del otro lado,
que me perturban hasta el desquicio.

O quizás esto jamás ocurra,
y yo siga conformándome
con espiarlo desde la lejanía,
escribiéndole otra letanía.

No quiero sus versos, ni sus huesos.

Quiero robarle la mirada,
y que nuestros cuerpos se inmolen ante la injusticia,
para que vean la esperanza
en sus palabras que sucumben hasta las larvas.

1 comentario:

  1. Parafraseándote, comprendo, aunque preferiría no comprender.

    Y, por otra parte, ¡feliz año!

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