jueves, 18 de noviembre de 2010

La dualidad desaparece


La dualidad a veces desaparece, y una forma se superpone a la otra. En esta ocasión la penumbra lo dominaba todo. En aquella oscuridad la distorsión era abrumadora. Somos más que carne, y ahí el gran dilema de la humanidad.

No sé quien soy, ni que seré, sólo estoy aquí a tientas en la penumbra buscando un interruptor. La oscuridad es algo tan profundo y desconcertante que me invade el miedo.

El pasado se plasma en el presente, el presente marca el futuro, y el futuro es una huella del pasado.

La soledad puede ser destructiva, pero a veces es la mejor amiga.

Soy demasiado complicada para un mundo que se resume en coca-cola gratis y mala televisión. No estoy hecha para un mundo de polución, mi corazón en la penumbra es tan frágil que incluso a veces se desfragmenta por estupideces. Cuando me invade la luz, suelo mirar la bombilla del flexo y no le soy hostil, ni me es hostil, simplemente no comprendo su mecanismo.

La penumbra es mi hábitat porque nadie me ve, en ella todos somos semejantes, sólo somos voces sin rostro, no existe una jerarquía, sólo existe un caos deslumbrante.

La penumbra conlleva la pérdida de la vista, y hay cosas que a veces es mejor no ver. Cada vez que cumplo años hago una retrospectiva profunda y casi inconsciente de mi pasado, mi presente y mi futuro.

El mejor regalo de aniversario sería la muerte de Lady gaga, el exterminio de todo político, policía o jerarquía; y filosofía gratis para el mundo entero. Por lo menos, soñar todavía es gratis.

2 comentarios:

  1. Pronto encontrarás ese interruptor, lo sé :)
    y tienes razón, menos mal q soñar todavía es gratis, eso NADIE nos lo puede quitar.

    Me ha encantado el texto. un beso :)

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