lunes, 6 de septiembre de 2010

Nunca hubo tanta luz ni tanta penumbra...


Duele. Estoy allí rodeada de gente, música, ambiente, ruido... Pero sola. Se cruzan algunas miradas pero nada más, el tango está inacabado y simplemente soy fría como el metal, aparento como todos, engaño tras una sonrisa de tranquilidad. Pero detrás de esa sonrisa y la tranquilidad, se esconde un huracán de odio, rencor, pasión, locura y soledad.


¡Hipócritas! ¿Qué sentido tiene sentir lo que siento, estar rodeada de hipócritas, falsos ídolos y sonreír?


Reír por no llorar, callar por no decir, odiar por no amar. La autocrítica se tiñe de cinismo, elocuencia y brutalidad. Los puños se tiñen de rojo, la sangre resbala, la cárcel se hace insoportable, y golpe tras golpe, derribaré las rejas que me oprimen, porque soy la ira personificada, escupo en tu ética y desobedezco lo que tu llamas la ley.


Las manos se transforman en garras, el cuerpo se contrae, y otra vez, me transformo en pantera. Más firme que nunca, los edificios quedan sepultados por la espesa naturaleza y la selva me rodea... Cállate.


Cállate porque ahora no hablo tu lenguaje, ahora solo entiendo el lenguaje de la noche. Criticas, miradas de desaprobación... que os jodan, sois ovejas que se esconden tras su lana, y yo soy una pantera que no dudará en desgarrar toda la lana. Porque sigo en pie, y no voy a doblegarme ante hipócritas... Sois borregos cubiertos por una fachada de progresismo liberal.


Mirar mi sonrisa, mis garras porqué yo no seré nunca como vosotros.


Tu... otra vez... malditos pronombres personales... yo.


Tu ignoras mi existencia, pero yo te conozco, es todo tan extraño. Tu sientes cosas que me hacen sentir. Cuando la penumbra me envuelve y me abrazo a mi soledad, con mis auriculares, me haces sentirme menos sola, más cerca de la comprensión, gracias extraño P.H.

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