miércoles, 22 de septiembre de 2010



Las hojas se han caído del árbol y las recojo lentamente, para sonreír y después andar feliz, sin nada... Aire en mi cara.... Todo cambia.



Cuando el alma se me cae al suelo, la dejo allí apartada en un rincón hasta que me mira, hablamos y sonrío. Después suelo recogerla y nos marchamos sin rumbo fijo. Nunca se hace tarde, ni pronto, el tiempo es inexistente igual que el todo y la nada.



Respiro para luego observar estrepitosamente el exterior, la gente vomita por las aceras, y yo ando, pisando fuerte el asfalto, pensando, disfrutando del espectáculo artificial, participando una vez más de lo antinatural, siendo otra asesina más, matando el instinto, ordenando el caos, siendo participe de la mentira.



Pero en realidad no soy otra fotocopia. Aire en mi cara, viento en mi corazón y un huracán en mi alma.




‘El hastío espiritual y la arrogancia de todo hombre que ha sufrido profundamente — la profundidad con la que uno puede sufrir casi determina la jerarquía—, su estremecedora certeza, de la que está completamente impregnado y coloreado, de saber más en virtud de su sufrimiento de lo que

puedan saber los más inteligentes y los más sabios, de haber sido conocido y haber estado afincado alguna vez en muchos mundos lejanos y terribles, de los que «vosotros nada sabéis»..., esa callada arrogancia espiritual, ese orgullo del elegido del conocimiento, del «iniciado», del cuasi sacrificado, encuentra necesaria toda clase de disfraces para protegerse del contacto de manos importunas y compasivas y, en general, de todo aquello que no es su igual en el dolor.

El sufrimiento profundo ennoblece, separa. — Una de las formas más sutiles de disfraz es el epicureísmo y una cierta audacia del gusto, hoy a la vista, que toma a la ligera el sufrimiento y se pone a la defensiva frente a todo lo triste y profundo. Hay «hombres serenos», que se sirven de la serenidad porque por su causa son malentendidos —quieren ser malentendidos. Hay «espíritus científicos», que se sirven de la ciencia porque ésta confiere una apariencia serena y porque la cientificidad permite concluir que el hombre es superficial — quieren inducir a una falsa conclusión... Hay insolentes espíritus libres, que quisieran ocultar y negar que en el fondo son corazones rotos e incurables — este es el caso de Hamlet: y entonces la locura misma puede ser la máscara para un saber funesto y demasiado cierto. —’

(Nietzsche contra Wagner)




http://www.youtube.com/watch?v=84xpfZsPYx8&feature=related



http://www.youtube.com/watch?v=yyg1-B0qKUc



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