viernes, 27 de agosto de 2010

Lampyridae



Estaba saturada, era hora de encerrar en un cajón historias extrañas, las fantasías de hadas, y los versos inacabados.



Pero no sé si podía…

La inspiración no cierra por vacaciones:



El verso no me deja dormir,

escribo para sobrevivir.



Cuando la noche me arropa,

y las farolas me iluminan,

escucho el rugir de las aceras

y pienso en luciérnagas.



Los versos se me escapan

y corro tras ellos hasta el amanecer.

Las sombras se transforman,

el ciclo se concluye y todo fluye.



Me acostumbro a tu ausencia,

me tortura la existencia.

Conservo la calma,

pienso en tu mirada.



Los borrachos lloran,

cantan y también mienten.



Carente de sentido,

deambulamos hacía tumultos extraños,

todo es demasiado estrafalario,

corazón mercenario.



Las aceras siempre fueron firmes,

pero a mí, siempre me costaron las tildes.



iris*

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