martes, 3 de agosto de 2010



‘La voz del mar, es una voz que chilla y chilla: Tú que tienes mierda por cerebro. La vida es inmensa ¿Puedes comprenderlo?’

‘¿Porqué, porqué, porqué, porqué, porqué? La gente se pregunta continuamente el porqué, llega el invierno y quieren que llegue el verano, llega el verano y quieren que llegue el otoño…’

‘Nunca estarás acabado mientras tengas una buena historia que contar y alguien que pueda escuchar.’
(La leyenda del Pianista del Océano)


El silencio es algo inexistente, y en algunos momentos llega a dar miedo. Los días transcurren como han de transcurrir, pasan las horas, los minutos, los segundos, el cielo cambia, todo fluye. Mi mente está inerte, pérdida entre los escombros de la realidad… ¿Existirá la memoria celular o es todo fruto de los sedantes, narcóticos…?


Miro el océano, el cielo se mezcla con el mar, y si lo miras desde fuera no ves el final, sólo un horizonte incierto. Cuando llegas a él, sólo es otro principio para llegar a otro horizonte. Todo queda resumido a un final incierto, lleno de incógnitas que causan el malestar de unos, la preocupación de otros y la locura de muchos.


C con su acento italiano me advirtió de que según la leyenda de la tribu, la mujer que tocaba Didjeeridoo no podía tener hijos. Los indígenas son muy serios respecto a sus creencias, pero le dije a C que me daba igual, yo quería aprender a tocar el Didjeeridoo. Estuve practicando dos días la respiración circular, continua y al tercer día cogí el instrumento… C me dijo que los humanos somos cuerpo, mente y alma. Cuando C tocaba el Didjeeridoo entraba en un éxtasis sin gravedad y las ondas vibraban con tal fuerza que relajaban, era impresionante. Estuve probando varios días con el instrumento y lo comprobé, no sólo se relajaba mi cuerpo debido a la respiración circular, era una sensación de calma que alcanzaba mi espíritu, los párpados se cerraban para dejar paso al horizonte y al océano interior. El Didjeeridoo no se puede explicar, se ha de sentir.


Se suponía que la relación entre el cerebro y el corazón era dinámica, un mutuo intercambio. Cada órgano podía influir en la función del otro. El corazón era un cerebro en sí mismo, que poseía una red de neuronas, transmisores, proteínas y células de apoyo que le permiten funcionar con cierta independencia del cerebro, y quizá, incluso, tener sentimientos y experimentar sensaciones. Por lo tanto, la información se transforma en impulsos neurológicos, viajan desde el corazón hasta el cerebro a través de diversas vías y llegan a la medula. Esos impulsos regulan el funcionamiento de las vías circulatorias y de los órganos. Tal vez podrían influir en nuestras percepciones y ciertos procesos cognitivos si alcanzaran ciertas partes del encéfalo’.


El corazón y el cerebro. Los sentimientos y el raciocinio. Todo esta conectado.


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