sábado, 10 de julio de 2010




De pequeña tenía una bola de cristal con un mago dentro, aquel juguete de infancia, con cuatro pilas, consistía en pasar la mano por encima y hacer una pregunta que se pudiera responder con Si o No. Entonces el mago empezaba a hacer luces y decía algo. Lo que más recordaré fue la respuesta de ‘Si confías en ti, conseguirás todo lo que te propongas’. El tiempo me ha enseñado que es verdad.



Escucho la misma canción tres o cuatro veces seguidas, pienso lo mismo veinte veces. Y suspiro. Como me decía un viejo profesor al que no volveré a ver, ‘¿Suspiráis princesa?



Ese viejo profesor me enseño muchas cosas sin él saberlo. En esa etapa de mi escolarización él no tenía confianza en mí, no me veía capaz de ser una buena estudiante. Yo siempre he pensado, que él pensaba, que nunca llegaría a ningún puerto, porqué tenía una imagen de mí, cómo de una niña ausente, despistada, rodeada de flores, tonterías, fantasía.



Y él sentenció que yo no estaba preparada para llevar dos estudios al mismo tiempo. Quizás en ese momento era verdad. No era que fuera ausente, si no que cada vez que pasaban los años me daba cuenta del maldito mundo que me rodeaba y prefería no torturarme, así yo me recreaba forjando mi propio mundo, e incluso lloraba porqué no quería crecer, y mi madre trataba de consolarme y hacerme entender las cosas.



Era vaga, lo reconozco, pero es que no encontraba ningún sentido a nada en aquel momento. Sufrí mucho durante la pre-adolescencia, una cosa positiva eran los ataques de risa sin explicación.



Tú, viejo profesor quizás no me entendiste muchas veces, pero siempre intentabas que no se complicara lo que de por sí era complicado.


Te paseabas mirándonos por el recreo, y cuando lográbamos algo también era un logro para ti. Nunca fui una de tus alumnas estrella, pero siempre te alegrabas cuando veías como progresaba. Con el paso del tiempo, perdimos absolutamente el contacto. Pasaron los años y crecí.



Te volví a encontrar en otro lugar distinto de donde nos conocimos, los rumores de tu mala salud se hicieron patentes cuando te saludé y no me reconociste ni por el nombre, ni por nada, ahora el ausente parecías tú. Pero no sé si fue por quedar bien y engañarme o porqué recuperaste un momento la lucidez, te hiciste el amable, preguntándome cosas, ninguna relacionada conmigo, pero te respondí como pude, cortésmente.



No te volví a ver, supongo que ya han pasado muchos años y ya no te volveré a ver. Eras un simpático viejo sencillo, aunque fueras en otro tiempo un cura remilgado, las últimas veces que te vi, cuando ya no eras tú, seguías conservando ese espíritu sereno y tranquilo.



Supongo que estés dónde estés, si es que hay un dónde o un estés, serás feliz, y te alegrará saber que aunque sea una alumna de vez en cuando se acuerda de alguna frase tuya,y me hace sonreír.

No hay comentarios:

Publicar un comentario