domingo, 20 de junio de 2010


Había llovido, pero el sol iluminaba con fuerza, tanto que calentaba mi nuca. Caminaba mirando el paisaje, y reflexionaba sobre la ceguera. Hacía tan solo unos minutos, en el cercanías, estaba leyendo con intensa curiosidad, Ensayo sobre la ceguera (J.S).

Yo elegía cuando elegía, lo que realmente quería, estaba acojonada, porque se me brindaba la oportunidad de volver, volver con alguien que había sido importante para mí..... pero ahora ¿era importante para mi? Mi cabeza era una batidora sumergida en pensamientos.

El paisaje era húmedo, los huertos estaban de un verde reluciente, por los pisos viejos, en frente de la estación de ferrocarril, un perro ladraba intensamente. Allí andando, y siendo consciente de que me quedaban 2 kilómetros para llegar a mi casas, vi en un banco a un viejo. El anciano estaba con la mirada pérdida en la infinidad de los naranjos, miré hacía el cielo, contraste de luz y penumbra.

¿Y si de repente me quedara ciega? Hace tiempo me hablaron de una chica ciega, me dijeron que cantaba y que tocaba el arpa, su oído según decían era espectacular. ¿Entonces si me quedara ciega mis otros sentidos se agudizarían?

Supongo que la visión en mi vida es un elemento esencial, pero en realidad ya he estado ciega muchas veces, en ocasiones no he querido ver cosas obvias, no he querido enfrentarme a realidades, he sido cobarde. También es una forma de ceguera.
Aunque actualmente impera otra clase de ceguera, la ceguera social y colectiva, de esa gente que prefiere no mirar la situación lamentable de los valores éticos y morales, de esa gente que prefiere malgastar su tiempo con tele basura , y que prefiere formar parte del mecanismo masivo de manipulación.

Tengo que aprender a calmar mi ira, porque a veces al llegar a casa las paredes se van estrechando y es entonces cuando me siento prisionera de mi propio mundo, me entran ganas de gritar y de lanzar con violencia mi locura interna. Un huracán se forma en mi alrededor, me transformo en caos.

Al poco tiempo, soy consciente, dejo mi dramática escena para otro momento.
Me dejo caer sobre la cama, pienso luego existo, respiro puesto vivo, incesante parpadeo, son las cinco de la madrugada y todo pasa factura, el día y la noche, la luz y la penumbra.

Ciego el que no quiere ver,
ciego el que miente, ciego el hipócrita.
Ciego el amante, ciego el cobarde,
ciego el poeta.

Los sin patria, los sin bandera,
los olvidados en las cunetas del capitalismo.
Los anarquistas, los revolucionarios
los antepasados en la selva del fascismo.

Todos somos ciegos de alma, de corazón.

1 comentario:

  1. A veces ver tampoco nos sirve de mucho, ni nos hace más felices... Es horrible, para el que puede ver, estar asomado al balcón de la impotencia... La ceguera, es, en muchas ocasiones, una forma de mantenerse vivo, sin embargo en otras te puede llevar a la enfermedad o la muerte. En esto, como en todo en esta vida, existe también una dualidad, una parte buena, necesaria, y otra mala y oscura... Algunos seres peculiares tienen la cualidad de la reflexión; te veo allí, entre ellos, sentada en un tren de cercanías o paseando, y viendo mas allá de lo evidente o lo físico, rumiando las palabras escritas de un libro y dándoles la vuelta una y otra vez... Ver y filosofar es un tema que se me da bien, por eso, rebuscando por este tu rincón, me quedo un rato prendado y divagando con esta pequeña perla escrita, paseando contigo por los caminos de tus pensamientos y sintiéndome extrañamente identificado con ellos. Besos.

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