jueves, 17 de junio de 2010

Crónica de una noche memorable:



Recordé el concierto en la calle del sábado noche, buena música, buena gente, y por mi garganta suave ron.

Estabamos casi todos bastante animados, tanto que el cuerpo respondía a impulsos nerviosos en forma de baile, nos daba igual todo, sólo existía la música, me movía por instinto, ¿sería también influyente el ron? ¿o necesitaba despegar de la realidad? ¿era yo la que bailaba, sin importarme nada más en este universo?

Era una sensación indescriptible, era libre… había estado casi un año atada a mis obligaciones y a mi ex amor… Pero el fénix resurgía de sus cenizas, para brillar así más que nunca… para volver a ser yo. Sólo existió la música, a ritmo de ska todos bailábamos, me sentí de la manada, pero a la vez mi cabezota seguía un poco ensimismada, contemplando el escenario, las luces me deslumbraban…

La gente se desfasaba gritando ¡ Viva el vino! (imitando a Rajoy) , o cantando canciones de Mamá Ladilla(mi nave mix) , conseguí reiniciarme como un ordenador bloqueado.

Llegué de madrugada, busqué las llaves para abrir el portal… ¡tragedia! no las tenía…amablemente me ofrecieron alojamiento, pero decidí llamar al timbre…
Con gesto serio y sonámbulo, se me abrieron las puertas, subí al ascensor sin decir más que – perdón, no encontraba las llaves- con algo de pánico miré en la mesa de la entrada, y ahí estaban las malditas llaves que hicieron despertar a los mayores, porque la niña irresponsable y rara las había dejado en casa…


Fue un alivio no haber perdido las llaves, fue una suerte que alguien amable me ofreciera su compañía, fue un logro haber bailado sin tener vergüenza, y fue inolvidable la sensación de libertad producida por el cansancio, el ron, el poco oxigeno en mi cerebro o la necesidad.

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