miércoles, 2 de junio de 2010

Conocimiento nos falta, y por eso nosotros escribimos nuestra propia historia llena de alegrías y penas,
pero es nuestra historia, y jamás nunca nadie podrá arrebatarnos nuestras vivencias.

Por eso yo soy lo que soy, el día y la noche, la luz y la penumbra, una contradicción constante,
la prostituta y la santa.
Todos somos monstruos que nos adaptamos a la lúgubre esperanza, al sueño capitalista.
Me gustaría que la naturaleza se revelara, ya que hemos sustituido a los árboles por farolas de hierro, los campos silvestres por edificios y los verdes caminos por un gris asfalto.
Ojalá la naturaleza explotara y empezara a crecer y destruir toda esta mediocridad, así podría quitarme la ropa, mirar a mis semejantes, mezclarme con la naturaleza y ser parte de ella.

Como el antiguo oráculo Sibila, un misticismo inunda mi alma, recorre mi ser, entre tierra hundo mi cuerpo, entre ramas mi corazón. Agua cae del cielo para limpiar la maldad del enemigo, y la gente inútilmente se tapa con artilugios extraños, todos buscan un refugio, cuando en realidad el refugio no es hormigón, sino simientes, tierra, agua, fuego, aire. Me encanta contemplar y sonreír en lo alto de una montaña, entonces respiro; y pienso que no me hace falta nada más que vivir ese instante.

Nosotros vivimos y morimos, pero durante el largo o corto proceso, hay un momento y un lugar en el que somos conscientes de nuestra existencia, de nuestra naturaleza que se revela y nos hace contradecirnos, aparece el lobo estepario y se consolida nuestra irracionalidad, nuestra naturaleza. Por eso no me atrevo a dar el paso, y decirte lo que verdaderamente quiero decirte, pero a veces las palabras sobran, y los instantes cuentan.

1 comentario:

  1. Nunca escribo de esa forma, y ha sido complicado aunque interesante intentarlo. Ya le he echado un ojo al libro y pronto será una hojeada. Tu penúltimo párrafo es impresionante. Ahora la lluvia borra mis huellas pero pronto aullaremos de nuevo.

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