jueves, 25 de agosto de 2016

Comparar el amor
con el cuidado de una planta.
Y pensar que todas se nos mueren,
excepto los cactus.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Nuestra casa





El mar clamoroso y sediento.
El mar tiene una sílaba y tres letras.
El mar nos expulsa,
nos engulle.

Agonizan las rocas erosionadas,
y cada golpe, y cada golpe,
no soportan decir en alto
lo que todos estamos pensando.

Lo que nadie dice por miedo, pudor o credo.
Lo que es etéreo, lo que se hunde en la arena.

El mar es mi madre,
El mar es mi padre.

Anoche fui a la que era nuestra casa,
a  lo que es una parte de nosotros.

Todo estaba cambiado,
viven otras personas.

Han reformado el porche,
el jardín solo es césped
ya no hay jardineras con flores.
Ya no está nuestra palmera.

El mar clamoroso y sediento.
El mar tiene una sílaba y tres letras.
El mar nos expulsa,
nos engulle.

Yo crecí en esa casa,
en ese lugar
que se ha convertido en otro.

Todo está cerrado y oscuro.
El corazón amortiza el impacto.
Le doy la mano a mi amiga, huele a jazmín.

No reconozco esa casa,
pero se que crecí allí.

Cierro los ojos y vuelvo,
abrazo la palmera.
Te imagino embarazada
conmigo dentro subiendo las escaleras de la terraza.

El mar es mi madre,
El mar es mi padre.


sábado, 20 de agosto de 2016

¿Quién mató a Laura Palmer?




La noche
esperando a tus ojos.
Y ellos esperando caer
en un charco de papel de plata.

Exhalarte cada día
como una nube de humo
que entra en mis costillas
para salir por cada centímetro de mi,
por cada poro de piel.

La mujer chimenea.

El éxito sólo es algo que se inventaron
para no dejarnos dormir tranquilos.

Crearemos brújulas sin norte,
para no tener nada que buscar.
Nada que encontrar.
Nada que perder.

Habla despacio
y déjate resbalar en mi oído
cómo una ráfaga de oleaje violento.

Ese es el único mar que nos pertenece.
El mar de invierno, caótico y brusco.

Las comodidades son para aquellos que doblegaron su esperanza en la mentira.
Es fácil vivir sedado. Sólo hay que descorchar una botella y después otra, y otra. Hasta que la lengua se queda sin fuerzas y sólo da tumbos.
Muñeco de trapo.

Me gusta quitarme el maquillaje,
observar como la toalla se llena de tonos negros y marrones.
El ritual nocturno en el que me miro al espejo y no tengo nada más que decirme.
Siento miedo.

Luego fijo la mirada en cualquier otro lugar de la casa para volver al aquí y ahora. Enciendo el televisor todo es tragedia o está sobreactuado.

Y en el fondo he de confesaros que yo maté a Laura Palmer.


martes, 9 de agosto de 2016

Llevo días sin escribir




Llevo días sin escribir,
sin verbos que crujen en la boca, pecho y alma.
Sin palabras que salgan del estómago
y acaricien las manos.

Llevo días con telarañas en los pies
y plumas sobre los hombros.

Quién nos ha dicho
que hoy no vamos a morir.
Hay que seguir latiendo. PUM PUM.

He perdido el tren.
Pero no importa,
me subo en el siguiente.

Llego tarde, pero me consuela saber,
que lo importante es llegar.
O eso al menos nos han hecho creer.

Cerca de mí hay una niña muy morena,
con una diadema de flores blancas.

Lo observa todo y se tapa el rostro.

Me dan ganas de hacer lo mismo.
Taparme la cara, cerrar los ojos, respirar, y desaparecer.

Pienso
en las niñas secuestradas de Nigeria,
en las niñas muertas de Gaza,
en las niñas sirias que duermen teñidas de azul con el rostro cubierto de arena.

Hace tiempo que las encías del mundo sangran,
y ya no nos quedan dientes
para dar un bocado más.

Todo los días intento saber quién soy,
y aun no he encontrado respuesta.

El dolor es tu boca lejos de la mía.
El dolor es una nevera vacía.
El dolor es todo aquello que te pinza el alma hasta dejarte sin respiración.

El dolor es ver(te)
y no reconocer(te).

Hay tantas formas de dolor
como segundos en un día.

Quiero acariciar tus pestañas.

Quiero que se extinga toda luz,
que el mismo sol se incinere.

Quiero una oscuridad profunda,
espesa, y solemne. Para que así nada importe, y los únicos destellos de lucidez
seamos nosotros.

Llevo días sin escribir.
Escucho el eco de cada sílaba,
la cadencia precavida
antes del punto final.

miércoles, 27 de julio de 2016

Cinco minutos más



El vagón de tren está en silencio,
tanto que duele, quema y embiste.
La ausencia de sonido me deja huérfana, atada de pies y manos en el asiento. 

Le pido 5 minutos más a la vida.
Le pido que nunca sea final de trayecto.

Cierro los ojos invocando tu saliva.
Abro despacio los párpados, y el paisaje me escupe como un cuadro de Friedrich.

Miro alrededor y todos los rostros son conocidos. Hijos de la desesperanza.
No recuerdo cuando se nos hizo tarde.
Así viven las luciérnagas en los ojos del que tengo enfrente. Ellas me hablan del mundo como un tarro vacío que se cierra después de guardar amor, sal y aceitunas negras.

Leo un libro con restos de arena.
Cicatriza la grieta de una ventana sucia.

Abro despacio el corazón.
Laurel en las arterias.
Vacío en las costillas.

lunes, 11 de julio de 2016

Ingravidez





Somos el espejo de la ingravidez.
El beso de no retorno.
El silencio clamoroso.
La palabra perdida a mitad de semana.
El abrazo que se retuerce.
Y la vida, tan temblorosa como el agua deslizándose en el lavamanos hasta llegar al desagüe.

domingo, 12 de junio de 2016

Rotura








Hace tiempo que no nos miramos a los ojos.

Sudoración
Temblores
Espasmos
Taquicardia
Actitud agresiva

Hipoglucemia.

A veces me ducho solo para quitarme el polvo de 3000 años que se han acumulado en mi espalda de MUJER.

Vivimos todavía en el neomedievo.

Siempre me han gustado las personas sin rostro, con la cara difuminada. Porque cuanto más diluido está todo, más veo lo importante. La soledad son los domingos cuando la cama no se hace, cuando tienes un vaso de agua en el fondo de tus pupilas.

Cuando te rompes como un árbol para ser papel.
Cuando te rompes como un animal de feria exhibido sin piedad.
Cuando te rompes como un cristal viejo, una botella usada.
Cunado te rompes como un insecto agonizante.
Cuando te rompes como una silla coja.
Cuando te rompes como la cuerda de un violín.
Cuando te rompes como la niña despojada de su himen.
Cuando te rompes como la casa vacía después del desahucio.
Cuando te rompes como la bofetada del viento en toda la cara.
Cuando te rompes como el océano chocando contra los barcos, las rocas, chocando contra todo el puto mundo.

Porque el mundo es muchas cosas. El mundo son muchas personas. El mundo, está enmudeciendo cada vez más chiquito pero hay que ver como pesa en los bolsillos de aquellos que todavía tenemos conciencia.