lunes, 20 de febrero de 2017

Acumulación


El amor
amortiza.

***

Acumulo cosas
no sé muy bien porqué
ni para qué.
Los billetes de tren
han hecho un nido
en los bolsillos.
Pronto tendremos
un descuento.

***

Nos encontramos
al médico de cabecera.
Ahora está jubilado.
Comenta que estudió
medicina con dos libros al lado:
La Biblia y Nietzsche.
La única forma
de entender
la vida.
Desde el extremo.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Seiscientas excusas

Regreso de nuevo
a las seiscientas excusas.
A las seiscientas vergüenzas
a las seiscientas miserias
a las seiscientas formas de odio.

Reducir las dosis
de cautiverio.

Anhelo
combustión espontánea
piedras en la mano
cortar el cordón umbilical.

Vivir en el exilio te hace
huracán gélido
roble centenario
guerrera de las antípodas
madre amazonas
hembra lunar
mujer mar tempestad.

Nosotras
que somos datos estadísticos
úteros de compra-venta
orgasmos publicitarios
motivo de polémica.

Nosotras con seiscientas excusas
con seiscientas muertas
con seiscientas viudas
con seiscientas razones
para el odio
para la rabia.

Y aún así seguimos
dando de mamar
sin pezones
sin descanso
sin cerrar los ojos
a los escupitajos
a las criaturas imberbes
de este mundo
tan frágil
tan roto
tan madres
tan hijas.

martes, 14 de febrero de 2017

Hueso corazón

El sonido de las excavadoras
y los pájaros
se entrelazan.

Manos
peso pluma.

Romper el tránsito.
La eternidad
no habita.

Rugido
guarida
peldaño.

Corazón piedra marina.
Sal del atlántico.

Tus frágiles branquias
respiran
en mi epidermis.

Volvemos al círculo cuadrado.
Chatarra emocional.

Resquicios
de liquidación temporal
en los armarios empotrados.
Vitrinas acorazadas.

Ojos jaulas.

Y todas esas veces
que guardo silencio
para no despertarte.

La ciudad
es una gran brecha
un cuerpo decapitado.
El lugar sin hijos
donde los grillos
nunca chirrían despacio.

Hemos de dar tantas patadas
que nos quedamos
sin piernas.

Plantamos
en una maceta
los trozos
de hueso corazón.

Reptiles de infancia.
Amor genérico.
Respiración antagónica.

jueves, 9 de febrero de 2017

DE CAMINO AL TRABAJO

Los edificios abandonados
cantan hasta
quedarse mudos.
Deshuesados.
Hasta que se atragantan
con postes de luz.

Camino llena
de inercia
pienso en las placas tectonicas
invoco un movimiento sísmico.

Paso frente a una iglesia.
Gente haciendo cola
con carros y bolsas.
Es un descampado
lleno de flores
sin lluvia.
De maleza salvaje
sobreviviendo a la intemperie.
Unas cuantas hierbas
abandonadas a su suerte.

Pulmones hechos de barro.

De camino al trabajo
escucho el rugido
de mi corazón a
cuatrocientoscuarenta hercios.

martes, 7 de febrero de 2017

RECONOCERTE

Las veces que hablo
y no obtengo respuesta.
Las veces que
aguardo en silencio
una caricia.

Y sin esperarlo,
ante mí
encuentro
un remolino de viento
un pellizco de azahar
un tesoro en forma de aire.

Da igual que el pelo se despeine
que sea tan fugaz
que ni quiera haya tiempo
de asimilarlo.

Siento el tacto de tu aliento
en cada bocanada
soplo
brisa
silbido.

Me detengo.
Contemplo el tráfico.
Miro el cielo.
Estorninos bailan. 

Así te reconozco.
Así te siento.

domingo, 5 de febrero de 2017

LOS YONKIS DEL AMBULATORIO

Con los dientes torcidos
pinta amapolas marchitas.

Esculpe discursos
de larvas
mascando tabaco.

Anda inmerso
en la búsqueda
del hombre amarillo.

Y su calavera
de color verde muerte
sigue intacta
dando vueltas
por los pasillos
del manicomio.

Lo he visto
lo he visto
con piel de humo
sexo de odio.

La locura
está viuda
el niño ya no juega
en aquel parque
de las afueras.

Y todas aquellas arañas
que alguna vez
tuvieron la osadía
de plantar veneno
en tu cabeza
ahora, querido maestro,
están ahorcándose
en su propio laberinto.
 
Tu amada
sin rostro
hecha de sal y arena
hecha de las algas turbias
que deja la marea.

Tu amada es
una arteria saturada.
Ella continúa bramándote
en cada nube deformada.

Sólo los yonkis
que hacen cola
en el ambulatorio
saben que te asesinaron.

Tú lo soñabas
y no parabas de advertirlo.
Te asesinó el señor gordo
con puro y sombrero.
Aquel señor gordo
que nos jode a todos.

Leerte es una sed insaciable.
Un camino torcido
que no conduce
a ningún final concreto.
Una ventana con cerradura
navaja oxidada.

Los locos nos entendemos
entre nuestra locura,
entre nuestra música distorsionada.

Porque aquel demente
que pasó su vida encerrado
drogado legalmente,
aquel es mi maestro.

El que me amputa
cada dedo
cada sueño
en sus nidos
de pájaros estrangulados. 

Porque España ni reconoce
a los muertos de sus fosas comunes
ni a los fósiles recién
salidos de la lavadora.

Permiteme, maestro
que rompa este silencio
y cubirte con esta agonía.

Porque él es como su poesía.
INFINITO.

Y cuán orgullo es pronunciar
tu nombre abrupto
desenterrado
rociado de blasfemia:
<<LEOPOLDO MARÍA PANERO >>

viernes, 3 de febrero de 2017

Los muertos de hambre

Los muertos de hambre
no solo respiramos materia gris.

También engullimos
níquel líquido
que nos hace en el estómago
un nudo enorme.

Plantamos flores
en las bajantes de los edificios.

Desde pequeños nos educan
para sobrevivir a esta barbarie
que financian con purpurina
y eternidad.

Somos la voz apagada
frente al micrófono.
La pestaña dentro del ojo.

El olor sucio
que desprende la tubería.
Ese bulto molesto
y preocupante en la espalda.
La epidemia contagiosa
que nunca se cura.

Los muertos de hambre
como usted nos llama,
alimentamos cada rincón
de nuestro espíritu
con lombrices de luz
con duchas en seco de paz
con la almohada impoluta
con la esperanza
con la esperanza
entre las manos
entre los dientes
entre las vísceras.

Porque tenemos la suerte
de mamar del pecho ya muerto.

Y al menos,
al menos tenemos hambre.
Tenemos vida.
Tenemos muerte. 

Porque no nos conformamos
con migajas
preferimos morir de hambre.
Preferimos no amarrar
nuestros pies en tierra.

Aunque algunos ni si quiera
lo preferimos.
Algunos simplemente
nacemos siendo
unos muertos de hambre,
unos muertos de hambre.